Y así lo demuestran las últimas manifestaciones de seguidores de Ahmadinejad, tanto o más multitudinarias que las de la oposición pero escondidas en nuestros medios.
Las cosas no parecen ir muy bien para Occidente, que primero inentó que Jatamí se presentase a las elecciones unificando a la oposición, luego que Musaví ganase las elecciones, y finalmente ante la derrota utilizar a los estudiantes como carne de cañón para desestabilizar al país.
Parece ser que la última estrategia sería que el corrupto Rafsanyani (hoy aliado de Musaví) utilice sus influencias en el Consejo de Guardianes de la Revolución y trate de forzar un nuevo proceso electoral en contra de lo ya expresado por el pueblo en las elecciones.
Por otra vía, las intenciones de emular los acontecimientos de la plaza de Tiananmen no son disimulados por la prensa occidental, que trata de envalentonar a esta minoría de opositores y presenta las protestas de un sector minoritario de Teherán como representativa de todo un país con más de 70 millones de habitantes.
Hay que aplaudir la reacción serena y calmada del liderazgo iraní ante el asedio informativo de Occidente, no es fácil tratar de calmar a estos grupos radicales sin que haya un derramamiento de sangre. Y desde aquí les animamos a que sigan por el mismo camino, lo contrario sólo beneficiaría a aquellos que quieren utilizar con fines propagandísticos disturbios o fallecidos en las protestas, en última instancia se trata de salvaguardar lo expresado democráticamente por el conjunto del pueblo iraní.