Es conocida por nuestros lectores la prepotencia con la que Occidente mira a otras culturas y pueblos, en el caso de Irán dicha prepotencia se mezcla con cierto grado de ignorancia sobre los éxitos y logros cosechados por la Revolución Islámica.
Antes de verse ahogados por el despotismo del Sha, los iraníes se rebelaron ante aquel espantoso régimen y comenzaron a escribir las líneas de un proceso revolucionario apegado a la fe islámica y a las tradiciones. Atrás quedaba un régimen de terror amparado y protegido por las potencias occidentales, y comenzaba a forjarse un movimiento que a día de hoy se encamina a convertirse en la principal potencia regional.
Algunas cosas no han cambiado con el tiempo, por ejemplo la protección que Occidente otorga a rancias monarquías de la zona, de ahí que nada nos extrañe el tratamiento falso y manipulado en los medios de comunicación sobre este gran modelo de país y sociedad.
En este contexto de lucha, es natural que los iraníes se decanten por un hombre como Ahmadinejad. No sólo lo harán por su inquebrantable compromiso con la revolución y el proceso de islamización del país, sino por su sencillez, honestidad e inteligencia, tal y como quedó de manifiesto en los debates celebrados en este periodo de campaña electoral.
Y mientras tanto, Occidente a lo suyo, a fortalecer en la medida de lo posible al candidato de la vieja oligarquía iraní, cuya derrota desde aquí ya le auguramos.